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“NUESTRA IMAGEN ACTUAL” (Obra de David Alfaro Siqueiros)


David Alfaro Siqueiros

Nuestra imagen actual

Pintado con piroxilina sobre lienzo, fue plasmada una de las miradas más propias del subcontinente latinoamericano. Mostrando la falta de identidad y de unión entre los pueblos, imponiéndose con una gran fuerza con los brazos extendidos hacia adelante y las manos abiertas como pidiendo algo, o dando algo o recibiendo algo, pero teniendo como siempre nada, una porción de la miseria de todos los pueblos socavados del agonizante subcontinente de américa latina puede percibirse en esta pintura. Así se nos impone la obra de David Alfaro Siqueiros; nuestra imagen actual. Una obra monumental, pero de caballete, como las que detestaba Siqueiros por considerarlas al servicio de la aristocracia, así realizó esta obra, en contra de su postura inscrita en su primer manifiesto que dio origen al movimiento muralista latinoamericano. Nuestra imagen actual, fue pintada en el año de 1947 y desde entonces no ha cambiado para nada el opaco esplendor de este nuestro subcontinente.

Subcontinente digo no por ser como el subcontinente de la India, que se le dice así por la placa continental que lo sostiene y lo mantiene ejerciendo presión contra la placa continental de Asia que provoca que el monte Everest no pare de erguirse hacia los cielos. No. Es un subcontinente por mantenerse sujeto a las interpolaciones de las grandes potencias económicas. Subcontinente también, por ser subdesarrollado, por estar debajo de dos potencias económica y geográficamente, por el gradual hundimiento social que nos ha venido torturando y dejando una huella imborrable en el camino por el que nos ha venido arrastrando la modernidad, el desarrollo –desarrollo, como insisten en llamar a la desigualdad, la moderna esclavitud, la competencia desleal en los mercados internacionales y en muchas otras cosas más los países desarrollados- el neoliberalismo, la sobre explotación de los recursos naturales. Este lastre que nos ha venido dejando un retraso de cerca de quinientos años imperdonables e irrecuperables donde hemos venido perdiendo nuestra de por si frágil cultura. Quinientos años en que los europeos nos han venido arrastrando al tiempo con la única finalidad de hacernos partícipes consumidores de su industria, de su beneficio, de sus desarrollos sociales, económicos, políticos, sociales, culturales, tecnológicos y comerciales, a los cuales hemos respondido como autómatas impresionables, porque jamás nos hemos acercado ni un poco al tope que ellos han alcanzado, y son quienes han llevado siempre la batuta de los cambios y quienes generalmente disponen de como los demás deben conducirse, es decir, nosotros los del subcontinente tenemos que adaptarnos a sus cambios, porque no hay más camino que el de ellos. Van desarrollando y desechando, desarrollando y desechando, y cuando apenas empezamos a comprender el uso de alguno de sus cacharros ya se nos vino el otro encima y no hay más, hay que medio entender uno para empezar a manejar el que ya viene porque ya hay otros dos que están por salir, y ese cacharro que estamos empezando a manejar es del año pasado o de hace dos años, y jamás podemos alinearnos a la modernidad, jamás somos contemporáneos de la vanguardia tecnológica y de sus avances y de sus supuestos desarrollos. No hacemos sino consumir lo que producen y muchas veces lo que ya han desechado.

Van desarrollando y desechando e imponen ritmos para el uso y tiempo de vida de sus productos, que corresponden sólo a los tiempos de ellos, y no pertenecemos a esos tiempos ni nos consideran dentro de esos tiempos, ni les interesa que seamos parte de ellos, es decir, van llevando a la par los cambios tecnológicos de los sociales de los culturales, de los políticos, hacen sus propias reformas para ir adaptando eso según convenga al tiempo y forma y la mega industria, que no sólo se sitúa en las empresas que desarrollan y comercializan sus avances tecnológicos, sino toda la sociedad en la medida de lo posible va haciendo esa transición generalmente todos a la par. ¿Por qué ellos si pueden y nosotros no? Pues porque es parte de su cultura, ellos lo han logrado hacer parte de su cultura, hacen las cosas para beneficio propio como sociedad y si alguien más intenta adoptarlo pues ya será bajo su propio riesgo, porque está diseñado para una sociedad con un tipo y ritmo de vida específico, y ahí vamos nosotros a querer adaptarlo a nuestros usos y costumbres con calzador, es decir, ellos funcionan como una unidad social, como el perdido sueño de Bolívar y muchos otros libertadores. Y es ahí donde se sobrevienen muchas desgracias y coyunturas para los infortunados pueblos del subcontinente perdido de américa latina, en un mar de desarrollos y desarrollos que nosotros no desarrollamos si no que nos imponen por fuerza de la globalización, nos sirven para dos cosas, hundirnos en la perplejidad de los desarrollos foráneos a expensas de sus posibilidades y alcances, esperando que nos alcance el tiempo para comprenderlo todo, adaptarlo todo y luego desecharlo todo porque ya viene algo más novedoso y que eso logre hacernos ver como países semi desarrollados o como le encanta llamarnos a las potencias, países en vías de desarrollo. O ser potencias mundiales en eso mismo, estar en vías de desarrollo, somos la eterna clase mundial en vías de desarrollo, llevamos con ese cuento tantos y tantos años que estamos haciendo un cuello de botella para los países aún menos desarrollados que vienen atrás.

Acá en el subcontinente subdesarrollado y súper explotado de américa latina, las cosas mantendrán así, siempre seguirá siendo así en tanto sigamos adoptando términos que nos hacen ver como humanos de segunda clase; latinoamericano, sudamericano, centroamericano, latino, hispano, etc. Todos esos sobrenombres que no hacen sino darnos una clasificación inferior y a los cuales en ocasiones con voz solemne se les quiere desarrollar un falso sentimiento de orgullo, sin darnos cuenta que sólo son sobrenombres incomprensibles de los cuales la gran mayoría de los latinoamericanos desconoce su origen o razón de ser y de los cuales no tenemos que sentirnos orgullosos ni los cuales tenemos necesidad de adoptar, ¡Cuál orgullo! ¡Cuál raza! ¡Cuáles latinos! ¡Al carajo con esos pseudónimos! Todos impuestos por los yanquis para poder designarnos y diferenciarnos de los suyos, porque ellos son para ellos, los únicos americanos, los únicos merecedores de ese pseudónimo a pesar de que nuestros ancestros mestizadores estuvieron aquí antes que ellos. Al decirnos latinoamericanos, sudamericanos, hispanoamericanos,, centroamericanos, nos están haciendo ver como americanos de segunda clase, simplemente somos eso para ellos, porque mantienen sobre si el calificativo de americano, así, simple sin un prefijo que lo vicie o lo contamine. Esos europeos que penetraron el mar hasta violar las fértiles tierras de este lado del mundo, fueron los que se inventaron ese cuento que alegremente hemos adoptado, ser orgullosamente latinoamericanos. Por el origen de nuestra lengua española a la cuál llaman madre, que no es sino un latín malhablado, un latín vulgar del cuál ocurre lo que nosotros hablamos, un español vulgar, que al igual que el latín original se ha venido vulgarizando según la frontera que lo contenga. Y en las provincias de estas naciones se habla un idioma vulgar distinto al que se hablan en la capital según el país que le corresponda. Y de ahí que seamos latinos. Sólo por el origen de la lengua que hace referencia a las voces de la lengua que hablamos, la lengua muerta el latín. Y sólo por eso somos latinos, en virtud de una referencia. No por nuestra raza sino por nuestra lengua, pero se ha inoculado perfectamente bien como virus la idea de nuestra raza latina a pesar de que compartimos casi nada con los latinos, las lenguas que suceden del latín son más conocidas como romances, no como latinas, el español, el portugués, el francés, el italiano, el rumano, etc. Entonces, ¿por qué no nos apodaron como romances o romanos? Bien podríamos ser romanticoamericanos o romanceamricanos o romanoamericanos y ¿cuál sería la diferencia? Mucha porque los que hablaban latín, pertenecían como pobladores a la región de Lacio que se unificó al imperio romano cuando este estaba en su auge al igual que todas las provincias, la de Milán, la de Sicilia, etc. Y esta se quedó como la lengua oficial del imperio romano. Los romanos siempre usurpando lo que pudieron, las tradiciones etruscas, el panteón griego, el latín, qué poco original este el más grande imperio. Así que no podemos ser latinos porque no provenimos de esa región hoy en día italiana, puesto que los que nos colonizaron no fueron los italianos, el papa sólo mandó a cagar sus bendiciones desde allá, la gran mayoría de los colonizadores fueron españoles y portugueses a quién el papa les repartió la mayor parte de nuestro territorio. Así que sólo somos latinos por la referencia a la locución de las voces latinas que preceden a la vulgar lengua española que mantenemos  en vigor más por fuerza de la costumbre y la apatía y la pereza que por una orgullosa liga directa con los tales latinos esos. Y pudiendo elegir una denominación más acertada eligieron la más imprecisa de todas, la de latinos, quien quiera que haya sido, europeos, yanquis, quién haya sido el retardado que se le ocurrió tan vergonzosa imprecisión, habrá que hacer escarnio sobre su pésimo sentido de la orientación, no sé quién fue y no me importa,  yo se la imputo a los yanquis porque son los que más la usan después de nosotros y porque son quienes más usos prácticos le dan, al burlarse y minimizarnos con eso, lo usan como un motivo de discriminación y racismo y ni racismo es porque no somos de raza latina, eso ni existe ¡tan ignorantes los gringos esos!. Pues imagínense ustedes el desfiguro que hubieran hecho los gringos al apodarnos como romanoamericanos o romanceamricanos o romanticoamericanos, ¡si el apodo se trata de hacer inferior al otro, no de darle un mayor estatus! Por eso, qué nos iban a estar apodando como romanos. Junto a la suma de errores e imprecisiones el latín es una lengua al igual que la griega con una raíz indoeuropea, compartida también con el sánscrito, de origen ario, entonces, si nada tenemos que ver con los latinos o los romanos más que por las referencias de las voces latinas menos tenemos que ver con los Hindús o indoeuropeos, y en cuanto a raza, es menos lo que compartimos directamente con los arios que lo que compartimos con los italianos así que eso de ser de raza latina es una chambonada. Pero por ramplones los gringos, y no hacer las cosas bien ni justificarlas ni argumentarlas bien nunca, nos salieron con el cuento de que somos de lengua latina de origen latino y hasta de raza latina sólo por las voces de origen latín en el vulgar idioma que hablamos. Si por eso nos apodaron latinos no me quiero imaginar cuál sería su argumento para exterminarnos de una buena vez. Pero si ni para hacer guerras saben justificar bien las cosas, que va a ser para andar apodando al resto del mundo; latinos, terroristas, inmigrantes, indocumentados, aliens, medio orientales, rojos, etc.  Para eso son buenísimos, para descalificar y desacreditar a todos por su raza, origen, etnia, credo o todo aquello que sea distinto de ellos, le temen a lo diferente por eso clasifican y minimizan todo lo externo a ellos. Si seguimos el juego yanqui de adoptar sus términos y sus condiciones terminaremos aun peor de lo que ya estamos.

Y hasta estúpidos son los gringos para entender las cosas y siempre terminan entendiendo todo al revés, no hubo armas de destrucción masiva en Irak, no había razón para conflagrarse contra Vietnam, no había razón para hacerle un bloqueo comercial a Cuba, para conflagrarse contra Guatemala, Panamá, Nicaragua, y muchas tropelías más que han hecho basado en conjeturas, en suposiciones, en errores en imprecisiones de cálculo. Entonces, yo me permito aquí conjeturar y especular sobre su estupidez. Han de pensar que por las locuciones de las voces del latín en nuestro “castellano” tuvimos que recurrir a latinismos para completar las interlocuciones y limitaciones de nuestra lengua y hacer por añadidura más extenso el idioma. Pero no, han de saber que el “castellano” es un desecho residual del latín como ya lo mencionamos antes, un latín vulgar. Pero no se dan cuenta de que es su idioma el inglés el que está plagado y apoyado de una incontable cantidad de latinismos, y los escriben tal como se escribían en latín; “stadium”, “coliseum”, “museum”, “junior”, etc. Ellos son los que se apoyan en muchos latinismos y siendo estrictos con las denominaciones ellos deberían ser los “latinos”, ellos deberían ser los latinoamericanos, por usar las voces del latín tal cual solía ser, anglolatinoamericanos, les queda bien, porque bien respetuosamente osan escribir

José de Jesús Alfaro Siqueiros

tal cual el latín, y el español es una horrible deformación del latín que adoptó un carácter y forma propios, además tiene parches del godo, del árabe, griego, e incontables regionalismos y en nuestro subcontinente aún más deformaciones en el proceso de su vulgarización y mezcla con las voces de las lenguas autóctonas. Así que, latinos por lengua ¿nosotros?  ¡Patrañas! ¡Ni por lengua ni por raza! ¡Gringos ineptos! Ni racistas saben ser. Pero como decía esas ya son presunciones mías sobre lo que creen que creemos, sólo eso, no sobre su escritura en latín que es bastante correcta y bastante correcto el término y me parce una agradable ironía pensar que ellos son los verdaderos latinoamericanos del continente.

Nosotros hablamos una variante del español, un español vulgar, más precisamente hablamos en; colombiano, en mexicano, en argentino, en costarricense, en guatemalteco, venezolano, etc. No castellano. El calificativo de castellano se perdió después de que la emergente corona española allá por el año de 1492 recuperara el último bastión moro de Granada y unificara todos los reinos de la Hispania en el reino de España al servicio de Carlos V, y en un intento por recuperar sus orígenes languidecidos por ochocientos años de ocupación árabe se acuñó como oficial el nombre del reino de España como español, dejando atrás el de castellano, que era así porque el seno del reino estaba en Castilla y no en Madrid como lo fue a partir de ahí y lo sigue siendo. Así que, los gringos estúpidos llenos de latinismos en su parchado idioma nos llaman latinos, ¡Ja! ¡Malparidos!

Y las referencias a las locuciones de las voces latinas que podría pensarse existen en el idioma español y que sería la perfecta justificación para decirnos latinos, ni siquiera son referencias, ¡es un latín mal hablado! Ni a latín llega la vulgaridad que vociferamos, a diferencia del preciso latín que ellos usan, ¡latinogringos hijueputas! El español es residuo de latín, composta de latín, con locuciones de voces de otras lenguas. ¡Qué latinos vamos a ser ni qué ocho cuartos!

Una vez resuelto que no somos latinos, vamos con lo de hispanos. La Hispania solía ser una provincia romana muy alejada del seno del imperio, Roma, y aun así le dio dos emperadores, Trajano y Adriano, y al mundo le parió a Séneca y por esas tierras pasaron Averroes y Maimónides. Y ya. Pero hasta la misma Hispania carece de un origen latino, el nombre Hispania tiene una raíz fenicia, así se les denominó por ser la tierra donde habitaba una variedad única de una criatura no tan única, un conejo. Pero fueron los cartaginenses quienes los bautizaron así. Entonces, la Hispania con una raíz en su nombre de origen fenicio, acuñado por los cartaginenses, ¿de dónde nos hereda lo latinos? ¡Cuál latinos! ¡Cuál hispanos! De madre lengua indoeuropea y de padre gentilicio fenicio. ¿Y de raza? Muchas más raíces. Aria, celta, árabe, visigoda, judía, lombarda, almogávar, catalán vasca, etc. ¿Por dónde será que ocultamos lo de latinos? ¡al carajo con los latinoamericanos, no existen, son un mito! Son parte de la verborrea del discurso yanqui para socavarnos y hacernos ver como americanos de segunda clase, como si nos importara tanto ese calificativo tan deleznable. Y de existir son los del norte y no los que hablan español los latinoamericanos. Tantos mamotretos escritos en esta parchada lengua desde el quijote de Cervantes y seguimos creyendo que somos latinos, o que tenemos algo más que ver con esa extinta lengua, región, raza.

La misma España está llena de conflictos entre sus habitantes todo el tiempo, a consecuencia del idioma oficial. En las 17 comunidades autónomas hay tantas disputas entre los habitantes por el idioma que deberían hablar todos por igual, que por el fútbol.  Coexisten el catalán, el andaluz, el vasco, el gallego, el español. Ni en la madre patria se ponen de acuerdo respecto a su lengua oficial, y aun así acá en el subcontinente tenemos montones de inquisidores y apologistas de esa mala madre de lengua que ni se respeta a si misma. Con esto vemos que no todos los que viven bajo el flácido reino de la corona española hablan español, en promedio se ha de hablar más español en todos los países del subcontinente latinoamericano que en la misma España. Vienen, nos imponen su vulgar lengua y ni ellos son capaces de usarla en todo su reino de manera regular. Así que, ¿de dónde somos hispanos? De un reino que es incapaz de controlar el flujo de su lengua y que no es capaz de poner un orden en su propio territorio, pero que acá en nuestro subcontinente vino e hizo lo que quiso con todas las lenguas autóctonas llevándolas directamente a la sepultura. Entonces ¿qué? Me va a decir España que lo que ocurre allá es por diversidad, cuándo acá vinieron, impusieron y asesinaron, más de 60 lenguas autóctonas sólo en Mesoamérica, eso es doble moralista y contradictorio de su parte, pero no me sorprende. Y me sigo preguntando ¿cuáles latinos? Ladinos parias es lo que somos por dejarnos mangonear de ese modo. ¿En  dónde tendremos oculto eso de latinos? Ha de ser en la conciencia lugar al que no solemos acudir con frecuencia.

Y para continuar con esta retahíla de imprecisiones, ¿cuáles americanos? Si hemos de ser justos con la historia aunque la historia nunca haya sido justo con nosotros, todo el continente, de Canadá a Argentina debería hacerle tributo a su descubridor el inglés (sic) Cristopher Columbus, o como nos lo impone la celosa real academia española, siempre al servicio de la corona, de sus demente cerrazón y al servicio de la fea y vieja tradición de querer traducir a su lengua todo lo que se le ponga en frente que atente contra la autonomía de su idioma, para evitar que haya invasiones de extranjerismos o modismos o que se inserten palabras tal cuál en idioma extranjero, para mantener la pureza de su idioma, nótese el sarcasmo. Cristóbal Colón. De ser así, respetuosos con la historia este continente de cabo a rabo debería llamarse Colombia y todos deberíamos ser colombianos o más erradamente nortecolombianos, centrocolombianos, sudcolombianos, panacolombianos, mesocolombianos, hispanocolombianos o el que sería el más popular, latinocolombianos. Pero en realidad Colón sólo descubrió un pequeño cúmulo de islas desprendidas de la placa continental y él murió creyendo que había llegado a la India por la parte de atrás. Si hemos de ser aún más severos en justicia con la historia todo este continente debería hacerle tributo a quién en verdad pisó primero la placa continental con la intención de hacerse de él, no me refiero a los chinos ni a los vikingos, sino a Hernán Cortés, él fue quien pisó primero que ningún otro español la tierra de la placa continental y fue entre los españoles quién supo primero que había más tierras más hacia el occidente. Y siendo así este continente debería llamarse Cortesa y no Cortés, porque hay una regla que dice que todos los continentes deben tener nombre femenino, y así seríamos cortesianos o mejor maldicho; nortecortesianos, centrocortesianos, sudcortesianos,  hispanocortesianos, panacortesianos, mesocortesianos o el más popular, latinocortesianos.

Pero ni uno, ni otro, ni otro, y ni de herencia latina, ni herencia hispana, ni latinos ni hispanos, ni americanos, ni latinoamericanos, ni hispanoamericanos, ni colombianos, ni cortesianos, ni norte, centro, sud, pana o mesoamericanos. Mestizos. Eso sí, es lo que más se acerca a nuestra definición, así de peyorativo y simple, mestizos, no le queramos arreglar o componer porque no hay que arreglarle. No neguemos nuestro orgiástico y malparido origen ni tratemos de embellecerlo porque sólo terminamos peor.

Eso de, el latinoamericano es una entelequia, no existe, sólo somos por accidente mestizos de Colombia, Venezuela, Costa Rica, Guatemala, Uruguay, Paraguay, México, Honduras, etc. Los lingüistas, filólogos, semióticos, escríbanos, amanuenses exegetas hermenéuticos y más gente relacionada al estudio de la lengua y sus orígenes deben entender esto a la perfección e incluso mejor que yo, pero de ahí a que quieran difundir esto, es muy distinto, ¡malparidos sabelotodo!

Entonces de qué me hablan cuando dicen, identidad latinoamericana, ¿me hablan de otra entelequia? O se refieren al montón de descendientes producto de la paridera auspiciada por el vaticano, de ese montón de inoficiosos lacras, y parias abandonados a su suerte desde la llegada de los españoles y por los cuáles nunca se han disculpado jamás ha pesado en sus conciencias la ruina que nos provocaron, y todos los males de occidente que nos trajeron y la desigualdad que nos heredaron y las enfermedades que trajeron y todo el oro y riquezas que se llevaron, jamás han tenido un pesar en sus conciencias por eso. ¿Esa es la identidad latinoamericana a la que hacen referencia? La orgiástica mescolanza de orígenes inciertos, o me hablan de los criollos que se hicieron de las armas para dar inicio a las insurgencias que dieron vida a las independencias del subcontinente, batallas y batallas que fueron también libradas por indígenas que no obtuvieron tantos beneficios en proporción a su lucha y a su desigualdad con relación a los demás. O me hablan de los indígenas autóctonos que perdieron todo por la febril hambre de oro de los europeos, perdieron sus lenguas, sus costumbres, sus creencias, sus religiones, sus pertenencias, sus tierras. Y luego todavía les endilgamos el nada honroso título de pueblos indígenas latinoamericanos como su fuera un orgullo portar el denominativo de quienes torturaron, degollaron, mancillaron, castraron vejaron y destrozaron todas sus tradiciones originales, vaya orgullo y vaya peso el de la identidad latinoamericana sobre los pueblos indígenas, no bastó con que los desmembraran, también tienen que portar un distintivo que hace referencia a quienes los destrozaron como civilización.

La gran mayoría venimos de una paridera mestiza, la ralea de dos o tres razas que en mal momento vinieron a encontrarse dieron como resultado un mestizaje tan indeterminable en la genealogía particular de cada individuo que resulta más fácil simplemente decirse latino que buscar nuestros orígenes europeos e indígenas, si es que los hay. Con esta flora y fauna silvestre que no necesitaba para nada de una sobre población y de un derramamiento de sangre brutal que es lo que realmente nos heredaron. Si un nombre debiéramos adoptar seguramente sería uno muy ofensivo para todos nosotros y por eso nunca estaría vigente. Pero esa es nuestra realidad actual, es nuestra imagen actual, una suprema caída de la gloria y una gloria indígena arrastrada por el tiempo y la modernidad que se encargó bien de quitarnos el rostro de orgullo que nunca nos perteneció pero que en un tiempo nos precedió,  el cuál no supimos adoptar por las interpolaciones de nuestros orígenes particulares tan inciertos y los generales tan ominosos y a vergonzantes incapaces de hacer representación de nosotros. Por eso en la obra, nuestra imagen actual de David Alfaro Siqueiros el personaje no tiene rostro, lo tiene de piedra, por la incertidumbre de nuestras posturas, estamos juntos en esta marea de interpolaciones subcontinental, estamos juntos en esta miseria que no duda en hacernos padecerla todo el tiempo, estamos en coyuntura tras coyuntura todos los días arriesgando el pellejo para sólo intentar llegar a casa a salvo o para pedir por los derechos nuestros y de algunos más, pero no estamos  juntos bajo una identidad, sólo en grupos separados, diseminados por algunos rincones, sin una imagen, sin un rostro, y muchos de ellos ocultos bajo capuchas que muchas veces son preferibles, porque es el único modo de mantener la lucha, pero eso sólo nos sigue manteniendo sin una imagen definida, es más ni siquiera contamos con una imagen latinoamericana y qué mal por aquellos que tanto orgullo les provoca el ser latinoamericanos, ni siquiera contar con una imagen. El latinoamericano, siempre con las manos extendidas, esperando que algo le caiga del cielo, o que alguien se compadezca de él, siempre fuerte y vigoroso, presto para la lucha de cualquier tipo, pero sin activismo. El latinoamericano sin un rostro que lo represente, esa es nuestra realidad actual, una imagen que se ha venido prolongando desde que Siqueiros realizó esa obra y que sigue teniendo el mismo significado y las mismas implicaciones porque no hemos avanzado casi nada incluso desde antes de eso.

Nuestra imagen actual no sólo es una muestra y despliegue de una gran habilidad técnica para manejar con precisión la perspectiva y la poliangularidad que es uno de los métodos usados en esta obra, consta de un recurso técnico y visual en el que, no importa desde que punto uno esté parado el punto poliangular en la obra siempre apuntará a nosotros, y eso es  lo que logra captar Siqueiros , una perspectiva que parece se eterniza en nosotros los latinoamericanos, parece que desde donde quiera que se nos vea seguimos estando igual, en pésimas condiciones y apuntando esas toscas manos siempre hacia el espectador pidiendo algo, así seguiremos mientras nos mantengamos como latinoamericanos. Ese es uno solo de todos los males que hemos venido adoptando. Ser latinoamericano es ser quietista, asceta, esperanzador, agachado, no tenemos que cambiar la perspectiva poliangular, sino el objeto del que es visible el recurso en perspectiva, dejar de creernos tan inferiores, tan de segunda clase, tan latinoamericanos, tan al servicio de las terminologías gringas y de quién sea y tan al servicio de los desarrollos europeos que sólo nos siguen aherrojando a este tumulto de miseria infrahumano, desigualdad por todos lados, inestabilidad social y truncamiento de la continuidad evolutiva social de nuestros pueblos.

Categorías:Política
  1. mayo 11, 2013 en 4:34 pm | #1

    There are also different kinds of pigs for different levels while their number increases as the
    player level increases. However, antivirus problems like
    Avast often conflict with Real – Arcade games due to the following error or
    virus detection:. In the game, players should be able to able to make use
    of a slingshot in order to start the birds.

  2. mayo 2, 2013 en 6:16 pm | #2

    Around 150 games in total, but that’s relatively small compared to our users. Then came the ultra-popular Arkham games, that place you, like never before, into Batman’s shoes as he skulks around and knocks hoodlums
    heads together (literaly). Next Jim Deacove developed a few of his
    own board games based on the principles of cooperation, group strategy and joint problem solving.

  3. marzo 14, 2011 en 8:55 pm | #3

    Interesante articulo, continua con tus publicaciones. Un saludo!!

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